La instrumentación que se despliega en Chiguayante cuando se proyecta un túnel en suelo blando no es la que uno imagina en roca dura. Acá los equipos principales son los piezómetros de cuerda vibrante, los extensómetros multipunto y las células de presión total, porque el verdadero desafío es entender cómo se va a deformar la masa de suelo antes de que la frente de excavación llegue al punto crítico. En los sectores aluviales de Chiguayante, donde predominan limos y arcillas de alta plasticidad sobre la terraza fluvial del Biobío, el ensayo CPT permite obtener perfiles continuos de resistencia por punta y fricción lateral sin alterar la estructura del material. Esta continuidad en los registros es clave para identificar lentes de arena que pueden actuar como drenes ocultos y desencadenar colapsos localizados durante la excavación. Cada metro de avance en Chiguayante exige una lectura detallada de las presiones intersticiales, porque un cambio de apenas 5 kPa en la succión matricial puede modificar completamente el comportamiento tenso-deformacional del suelo fino.
En suelos blandos de Chiguayante, la clave no está en cuánto resiste el terreno sino en cómo se redistribuyen las presiones alrededor del túnel durante cada ciclo de avance.
