Un proyecto de edificación en altura sobre la terraza fluvial de Chiguayante, a pocos metros del río Biobío, nos dejó una lección que conviene compartir. El cliente había subestimado el empuje lateral del suelo, asumiendo que con un muro gravitacional bastaba. La realidad del subsuelo, con intercalaciones de arena fina limosa y bolsones de grava arenosa típicas de la comuna, exigía un enfoque distinto. Para evitar deformaciones en la excavación, el diseño de anclajes activos/pasivos fue la solución que permitió transferir las cargas de tracción a estratos competentes. En Chiguayante, donde la geomorfología combina planicies aluviales con cerros de la Cordillera de la Costa, un perfil geotécnico impredecible obliga a ir más allá del cálculo convencional. A veces conviene complementar la exploración con un ensayo CPT para afinar la resistividad del terreno antes de definir la capacidad última del anclaje.
Un anclaje mal dimensionado en suelos aluviales de Chiguayante puede perder el 40 % de su capacidad adherente con la primera lluvia intensa.
